La jornada terminó en el reloj… pero no dentro de ti.
Hay cosas del trabajo que siguen viniéndose contigo… aunque ya estés en casa.
Descubre cuáles son
A los 22 años era jefa de capacitación en Coca-Cola.
Salía de casa a las 6:45 de la mañana.
Y muchas veces volvía a las 8 de la noche.
Lunes a sábado.
Los domingos también.
A los 27 el cuerpo habló.
Artritis reumatoide.
Años después, al frente de mis propios negocios, volvió a pasar.
Y fue entonces cuando entendí algo.
El problema no era solo el trabajo.
Era que yo seguía llevándome el trabajo conmigo cuando el día terminaba.
Las conversaciones que seguían abiertas.
Las responsabilidades que seguía sosteniendo.
Lo que no había salido como esperaba.
Lo que seguía intentando resolver antes de dormir.
Desde 2015 acompaño a personas que viven exactamente eso.
Personas que salen del trabajo.
Pero descubren que el trabajo sigue dentro de ellas mucho después de haber llegado a casa.
Un encuentro práctico para entender qué hace que sigas repasando conversaciones, anticipando problemas o pensando en lo pendiente cuando el día ya terminó.
No vamos a hablar de productividad.
Ni de “aprender a desconectar”.
Vamos a descubrir qué sigue viniéndose contigo cuando el día termina…
y por qué, hasta que no lo ves, sigues llegando a casa igual.
Lo que dicen las mujeres que han trabajado conmigo
Frases literales de sus formularios de feedback
No me había dado cuenta de cuánto trabajo seguía llevándome a casa hasta que lo vi con claridad.
Pero puedes empezar a ver qué se queda abierto cuando el día termina.